Instagram no es una tienda. Es un escaparate con chat. Sirve si la gente entiende qué vendes, a qué precio y cómo te escribe. No sirve si solo subes fotos bonitas y esperas.
Antes de “hacer contenido”
Define una cosa: qué vendes, para quién, y un precio (aunque sea un rango). Si eso no está claro en la bio, el algoritmo no es el problema.
Arma la bio tú: nombre, qué vendes, ciudad si importa, y cómo comprar (WhatsApp, link o DM).
Tres tipos de publicación que sí sirven
- Producto claro: foto nítida, precio, qué incluye.
- Prueba: un cliente usando o un “antes/después”. Con permiso.
- Proceso: cómo lo haces. Genera confianza sin parecer un tutorial eterno.
Si te quedas en blanco, parte por esos tres tipos. El filtro eres tú: qué puedes cumplir esta semana.
Cómo salen los primeros pedidos
Responde rápido. Manda precio y plazo por escrito. No dejes el “después te cotizo” colgando tres días. Pide un abono si el trabajo es a medida. Eso no es “poco empático”: es no trabajar gratis.
Cuando alguien pregunte “¿cuánto vale?”, ten el número. Si todavía lo estás adivinando, vuelve a la calculadora de precio.
Lo que no hace Instagram
No reemplaza una forma de pago clara, ni una política de cambios, ni tu tiempo. Si ya te escriben todos los días por lo mismo, más adelante una página simple te ahorra repetición. Hoy, ordena el perfil y cierra ventas en el chat.